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INFORMACIóN TURíSTICAHISTORIA20 JULIO 2019

HISTORIA DE LA CIUDAD

Antigua Murcia

 Del año 825 al siglo XIII

La ciudad de Murcia fue fundada por el emir árabe de Córdoba Abd-Al-Rahman II en el año 825 aproximadamente. Pese a que la presencia de musulmanes en la región se remonta al año 713, cuando el general Abdelaziz entró por el paso natural del valle del Guadalentín, camino de Cartagena, para enfrentarse a los hispano-visigodos. Esto supuso en los primeros cien años un completo caos, ya que se producían continuas guerras civiles entre las etnias que habitaban el territorio murciano. Es por esto que el citado emir envió a su ejército para pacificar la zona y fundar una ciudad en el centro del valle del río Segura que favoreciera el desarrollo de toda la provincia. El lugar elegido fue una pequeña elevación del terreno que había junto al río.

Es probable que justo en esa elevación hubiese antes un poblado ibérico y algunas villas romanas, tal como lo hacen patente los numerosos hallazgos arqueológicos encontrados, muchos de ellos destruidos en épocas modernas, como las termas romanas entre otros emplazamientos, bajo la actual Gran Vía Escultor Salzillo. La ciudad se creó cercada por una muralla de 15 metros de altura jalonada por 95 torres defensivas, así como 9 puertas que la comunicaban con el exterior. Además, la ciudad quedó resguardada por el cauce del río y por la acequia mayor que discurría por su lado norte.

Resto de todo aquello hoy sólo queda en pie lo que se conocen como algunos "trozos de muralla" de las que la más importante es, visiblemente restaurada, una de sus torres y un trecho de muralla situada a la espalda del conocido Mercado de Verónicas, a la derecha del Palacio del Almudí. Otros muchos restos se encuentran diseminados por la ciudad pero dada su escasa relevancia histórico-arqueológica quedan relegados a permanecer ocultos, cuando no demolidos, en los sótanos y garajes de las nuevas edificaciones que han propiciado su afloramiento.

Del siglo XIII al XIV

Retomando la historia, y ya en el siglo XIII, el desorden impera por todo el reino, lo cual mueve a la sublevación de poblaciones como Lorca, Mula, Cartagena y Aledo. Por otro lado, el emir de Granada intenta invadir el reino apostado en la frontera con Murcia y, a su vez, la Corona de Castilla tiene reconquistada desde 1213 la mayor parte de Albacete, provincia castellana entonces y durante toda la Edad Media, gracias a su anexión a las de Toledo y Cuenca. Esto lleva a los últimos emires árabes a pactar con la Corona y convertir Murcia en un reino dependiente y protegido de la Corona, pasando a depender de guarniciones castellanas las principales ciudades de la región, pero respetando la autoridad del emir moro. Así, entre 1243 y 1244 se lleva a cabo tal compromiso.

En 1266 (febrero) Jaime I de Aragón entra en la ciudad anexionándola al reino de Castilla y, finalmente, hacia finales de siglo, Murcia pasa a ser no sólo reino protegido, sino también gobernado por la Corona de Castilla. A partir de entonces, Murcia sufrió una transformación gradual orientada a adaptarse al modelo cristiano. Una de estas obras fue llevada a cabo por el propio Jaime I, que ordenó abrir una calle ancha y recta a través del zoco árabe que conectara la mezquita con la llamada "plaza del Mercado", típico enclave medieval donde se llevaba a cabo el comercio de la ciudad.

En aquella época, la mezquita se hallaba situada en lo que hoy es la catedral, y la plaza del Mercado es la actual Plaza de Santo Domingo. La calle ancha y recta antes mencionada es hoy Trapería. Esta calle, junto a la perpendicular calle Platería, forman una encrucijada que recorre el casco antiguo de la ciudad de un extremo al otro.

Durante siglos, el punto donde ambas calles se encuentran formando una cruz fue conocido como las Cuatro Esquinas de San Cristóbal, por figurar una imagen del santo en una hornacina. Hoy se ha quedado en las "Cuatro Esquinas" aunque ni siquiera hay un letrero indicador. Los nombres de Trapería y Platería han permanecido hasta la actualidad y vienen de los días medievales de comercio con los talleres y negocios que trataban con malteses, genoveses, catalanes, etc. 

Del siglo catorce al veinte

Hacia finales del siglo XIV y durante el siglo XV fueron expulsados todos los moriscos de la región y pacificado los territorios tanto de la zona como de las fronteras con regiones vecinas, lo cual dio un período de estabilidad que se reflejó en el desarrollo de Murcia. Así, en el siglo XVI, crecieron y prosperaron todas las ciudades del reino. El arte y la cultura también se vieron revitalizados y se proyectaron grandes obras como la construcción de la Iglesia de La Merced (actualmente adyacente al edificio del Campus Universitario de La Merced). El siglo XVII fue especialmente duro en Murcia por diversos factores: el clima que arrasaba cosechas enteras, epidemias que diezmaban la población y la presencia de piratas berberiscos que saqueaban sus costas impidiendo todo contacto exterior por mar.

Río Murcia

El siglo XVIII no fue mucho mejor en este sentido, pero comenzó el desarrollo de una economía minera e industrial que vendría a sumarse a la tradicional de siglos anteriores basada en los sectores agrario, artesanal y comercial. Después de esta época un tanto favorable, el siglo XIX se inaugura con una nueva crisis motivada por un período de sequías, seguido de importantes inundaciones, a estas causas se le suma la guerra contra Napoleón y la ocupación en 1809 de la ciudad de Murcia por las tropas francesas.

Además, las fiebres palúdicas asolaban ciudades como Cartagena y Caravaca, la fiebre amarilla causaba estragos en Mazarrón y Cartagena, y el cólera hacía lo propio en Puerto Lumbreras y Lorca. Políticamente, las ideas republicanas movieron a la revolución de 1868 y al estallido secesionista del 73 en el cual se proclamó el cantón murciano.

Del siglo veinte a la actualidad

Murcia entra en el siglo XX en un claro subdesarrollo marcado por la imposibilidad de la región por incorporarse al mercado nacional e internacional, pues se hallaba en una situación precaria, basada en una nada destacada industria de capital extranjero y un comercio en su mayor parte regional. No obstante, el apoyo por parte del General Primo de Rivera (1923-1929) y su política puso en marcha una gestión eficaz en estas tierras. Así, Murcia se incorporó definitivamente al ritmo del país impulsando la industria, potenciando los sectores de conservas, cítricos y pimentón y modernizando su agricultura.

Con posterioridad se implantará la República en todo el Estado y tras la Guerra Civil, se configura una nueva España bajo la atenta mirada del General Francisco Franco. La Región es ampliada con la provincia de Albacete. Tras el Régimen, y la llegada de la democracia, la Región recupera su carácter uniprovincial y se intentan igualar las actividades económicas y políticas de sus ciudades más importantes, que son Cartagena y Murcia.

En la década de los 80 y 90 la ciudad de Murcia hace un gran esfuerzo y se sitúa en unos niveles socio-económicos de los que había carecido hasta entonces, en comparación a otras ciudades de la geografía nacional de similares características. La ciudad de Murcia encara el reto del siglo XXI con retomadas fuerzas. Un vigoroso impulso económico que hace de esta zona un importante enclave de modernizadas estructuras, tanto económicas como de comunicación, que se expanden y entrelazan con las poblaciones de su entorno y mas allá de sus fronteras geográficas.

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